recopilación de materiales para las asignaturas de Educación para la Ciudadanía, Filosofía de 1º de Bachillerato y Psicología
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viernes, 16 de septiembre de 2016
viernes, 9 de septiembre de 2016
lunes, 5 de mayo de 2014
LIBROS RECOMENDADOS. LA AVENTURA DE PENSAR. FERNANDO SAVATER
LOS FILOSOFOS QUE CAMBIARON
LA HISTORIA
SAVATER,FERNANDO
- EDITORIAL:
- DEBATE
- MATERIA:
- FILOSOFÍA
- AÑO DE EDICIÓN:
- 2008
- ISBN:
- 978-84-8306-795-6
- EAN:
- 9788483067956
- PÁGINAS:
- 344
- TIPO DE EDICIÓN:
- CARTONE
Nada hay más confortable para el hombre, ni más peligroso, que las certezas. Nuestra mejor defensa es la filosofía, que consiste en gran medida en el arte de cuestionarlas, de atreverse a pensar, de interpelar las verdades establecidas y ver qué esconden. En este paseo por la historia de la filosofía, Fernando Savater nos presenta a los grandes personajes que con sus preguntas, y en ocasiones con sus respuestas, han marcado el pensamiento occidental. Platón, Aristóteles, Hobbes, Tomás de Aquino, Nietzsche, Marx, Ortega, Wittgenstein y hasta dieciocho filósofos más desfilan por estas páginas de la mano de Savater, que con su habitual estilo lúcido, ameno e inteligente explica sus ideas más importantes y resume sus trayectorias. Un canto al irrenunciable ejercicio de la libertad intelectual, este libro es en realidad una invitación a huir de los tópicos y a compartir con los grandes filósofos la maravillosa aventura de pensar.
Nada hay más confortable para el hombre, ni más peligroso, que las certezas. Nuestra mejor defensa es la filosofía, que consiste engran medida en el arte de cuestionarlas, de atreverse a pensar, de interpelar las verdades establecidas y ver qué esconden. En estepaseo por la historia de la filosofía, Fernando Savater nos presenta a los grandes personajes que con sus preguntas, y en ocasiones con sus respuestas, han marcado el pensamiento occidental. Platón, Aristóteles, Hobbes, Tomás de Aquino, Nietzsche, Marx, Ortega, Wittgenstein y hasta dieciocho filósofos más desfilan por estas páginas de la mano de Savater, que con su habitual estilo lúcido, ameno e inteligente explica sus ideas más importantes y resume sus trayectorias. Un canto al irrenunciable ejercicio de la libertad intelectual, este libro es en realidad una invitación a huir de los tópicos y a compartir con los grandes filósofos la maravillosa aventura de pensar.
lunes, 11 de noviembre de 2013
FILOSOFÍA. PARA TODOS LA 2. LA FILOSOFÍA EN LA EDUCACIÓN
Para todos La 2 - Debates: La filosofía en la escuela
lunes, 26 de septiembre de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
FILSOFÍA. LO RACIONAL Y LO RAZONABLE
“Es preciso no confundir lo racional con lo razonable. Lo racional busca conocer las cosas para saber cómo podemos arreglárnoslas mejor con ellas, mientras que lo razonable intenta comunicarse con los sujetos para arbitrar junto con ellos el mejor modo de convivir humanamente. Todo lo racional es científico, pero la mayor parte de lo razonable ni es ni puede serlo: no es lo mismo tratar con aquello que sólo tiene propiedades que con quienes tienen proyectos e intenciones. El discurso reflexivo de lo razonable se basa en lo estricta y científicamente racional, pero también en lo que aportan de razonable las tradiciones religiosas, poéticas, filosóficas, jurídicas, políticas, estéticas, etcétera. Sólo los bárbaros, es decir los profetas integristas, pretenden darlas por nulas y no avenidas en nombre de alguna verdad incontrovertible y aplastante, revelada por Dios o por la ciencia. Y ese discurso razonable, por el que abogaron John Rawls y el mejor Habermas entre tantos otros, sigue siendo hoy en la era posmoderna más imprescindible que nunca para valorar las nuevas realidades de la genética, de la tecnología, de la sociedad de la hiperinformación, así como las más recientes demandas sociales y los derechos individuales hasta ahora inéditos. Una lengua razonable colectivamente necesaria para apreciar, comprender y sobre todo para orientar la actitud institucional ante esos sugestivos desconciertos.”
FERNANDO SAVATER
jueves, 3 de marzo de 2011
FILOSOFÍA. CONFERENCIA DE SAVATER
NECESIDAD DE LA FILOSOFIA EN UN MUNDO GLOBALIZADO
Fernando Savater
Señor Presidente, señoras, señores, queridos amigos:
En primer lugar, por supuesto, quiero agradecer el honor y la alegría de poder compartir con ustedes esta tarde. Un honor y una alegría que se tornan mayores si se repara en que inauguro lo que estoy seguro va a ser una serie de intervenciones a cargo de personas seguramente más importantes que yo. A mí me parece una iniciativa excelente, y en sí misma pedagógica, esta de que el espacio público por excelencia del gobierno de la Nación sea a la vez un lugar abierto a los ciudadanos no sólo en condición de turistas, sino en relación también con sus deseos de conocimiento y de acceso al arte y la cultura. Me parece a mí que esa es una buena forma de hacer política y de hacer democracia.
De modo que para mí es una enorme satisfacción inaugurar este programa de conferencias, que espero resulten muy provechosas.
Yo debo hablar de filosofía y ayer, en uno de los encuentros que tuve aquí en Santiago, un grupo de profesores de filosofía me pedía que le dijera al Presidente que nos los abandonara, y yo les respondí que vengo de tener muchos jaleos en España, de manera que no quiero llegar aquí a buscarme nuevos problemas.
Bueno, yo comprendo la zozobra de esos profesores de filosofía, porque, efectivamente, también en España y en otros lugares, en todo un mundo movido por la prisa y por la necesidad de rendimientos a corto plazo, la enseñanza de la filosofía parece desplazada. La educación se dirige cada vez más a lo que vamos a hacer y la filosofía se pregunta más bien por lo que somos. Entonces, las preguntas de la filosofía no tienen una relación inmediata con nuestra actividad, sino con nuestro ser, con lo que somos.
Hay una tendencia a creer que lo importante es la rentabilidad de nuestros esfuerzos y no que nos remansemos en la pregunta acerca de quienes somos. Sin embargo, yo creo que en algún momento tenemos que afrontar la vida sin una mentalidad puramente instrumental. Hay ocasiones en que es importante saber para qué estamos haciendo nuestros esfuerzos, nuestro trabajo, nuestro empeño, y eso es lo que nos relaciona con lo que somos.
En una novela de Salvador de Madariaga había un personaje andaluz que cada vez que alguien hacía proyectos y propuestas, decía "y too pa'qué". Bueno, yo creo que todos nosotros sentimos también la necesidad de esa pregunta. Cuando uno se apresura y se entrega a actividades de diverso tipo, siempre hay momentos en que uno se pregunta "y todo esto, ¿para qué?". Es decir, para qué queremos conquistar el mundo si de alguna manera no tenemos claro todavía ni lo que somos ni lo que hace verdaderamente que algo sea importante para nosotros.
Hay una anécdota famosa, que fue luego glosada en un libro de Simone de Beauvoir, acerca de un filósofo cínico que vivió largo tiempo en la Corte del rey Pirro. Pirro, que era un conquistador, una especie de Alejandro de los persas, estaba constantemente haciendo planes de invasión y de conquista. Un día llegó donde el filósofo, quién se encontraba tumbado a la sombra de un árbol en el jardín del palacio, y le dijo "He hecho un plan y mañana mismo salgo con mi ejército. Vamos a cruzar el estrecho y a conquistar toda Grecia, todo el Peloponeso". A lo cual respondió el filósofo "Muy bien. ¿y después qué?". "Después continuaremos adelante, hacia Italia", respondió Pirro. "¿Y después?", interrogó nuevamente su interlocutor. "Pues seguiremos y procuraremos llegar hasta el final del mundo". "Bueno, muy bien, ¿y después?". "Bueno, ya después habré conquistado todo el mundo". "¿Y entonces qué?", volvió a preguntar el filósofo. Y dijo Pirro: "Entonces podré descansar". Ante lo cual el filósofo concluyó "Bueno, si de lo que se trata es de descansar, por qué no te sientas aquí conmigo bajo este árbol y empezamos directamente, sin tanto trajín".
En el fondo, en nuestra vida a veces nos ocurre algo semejante, es decir, que nos concentramos tanto en los proyectos que perdemos de vista la reflexión acerca de aquello que haría necesarios o meritorios tales proyectos. Esto quiere decir que si no sabemos lo que somos, quizás todos los esfuerzos que estamos haciendo en un momento dado se queden un poco en el vacío.
Nuestro sistema educativo forma personas atareadas, eficaces, llenas de conocimientos puntuales, pero tal vez incapaces de una reflexión general acerca de su propia condición, de su propio ser, del vínculo que las une con los demás seres, del sentido que tiene la comunidad humana sobre la tierra. Y estos son, precisamente, los temas que la filosofía ha desarrollado a lo largo del tiempo.
Es verdad que no puede decirse que la filosofía llegue a unas conclusiones definitivas acerca de esos temas, y ello porque las preguntas de la filosofía son preguntas permanentemente abiertas. En la vida nos hacemos dos tipos de preguntas. Hay unas preguntas que son meramente instrumentales y que están referidas a determinados fines u objetivos. Por ejemplo, cuando preguntamos qué hora es porque queremos tomar un tren o acudir a una cita amorosa o lo que sea. Una vez que nos dicen "Son las seis menos cuarto", nuestro interés en aquella pregunta queda completamente cancelado, porque lo que nos interesaba, en realidad, era lo que íbamos a hacer luego de recibir esa información. La hora, en sí, nos da igual, puesto que lo que nos interesa es pasar a la etapa siguiente, que es tomar el tren o acudir a la cita que proyectamos tener.
En cambio, si en vez de qué hora es nos preguntamos qué es el tiempo, nos encontramos ahora con una pregunta cuya respuesta no va a cambiar de ningún modo nuestra vida. Sea el tiempo lo que sea, probablemente nuestra forma de vivir, de trabajar, de viajar, va a cambiar muy poco. La pregunta por el tiempo no es una pregunta instrumental para otra cosa, sino una pregunta acerca de nosotros. Con esa pregunta no estamos inquiriendo acerca de qué vamos a hacer en el mundo, sino por qué soy yo al que le ocurre vivir en el tiempo, al que le ocurre ser mortal, al que le ocurre hacer frente a cosas como la libertad, la justicia, la belleza o la naturaleza.
Las preguntas de la filosofía no son preguntas que tengan una respuesta instrumental. Lo que tienen son respuestas parciales que sirven para profundizar en las mismas preguntas. Cada vez que termino de leer un libro sobre la libertad, por ejemplo, no tengo resuelto ni cancelado ese problema. No es que el problema de la libertad deje ya de interesarme y abandone totalmente la cuestión. Al contrario, con las respuestas que pueda haber obtenido profundizaré en mi pregunta sobre la libertad.
Las respuestas de la filosofía son de tal clase que, en lugar de cancelar las preguntas, las ahondan. Yo muchas veces he dicho que la filosofía no es para salir de dudas sino para entrar en dudas. Precisamente, la filosofía es lo que nos permite entrar en dudas, profundizarlas, estilizarlas, enriquecerlas. Es decir, la filosofía quizás no sea propiamente una sabiduría, sino una ignorancia enriquecida, una ignorancia de alguna forma vitalizada, una ignorancia consciente de lo que no sabe. Porque hay dos puntos fundamentales a los que se atiene el filósofo. Por un lado, admitir que es mejor saber que no saber. En este sentido, el filósofo se enfrenta al místico, se enfrenta al visionario, se enfrenta a toda forma de irracionalismo. La filosofía cree que es mejor saber, en el sentido humano, racional y experimental del término, que no saber.
Por otro lado, es mejor saber que no se sabe que creer que se sabe sin saber. Es decir, resulta mejor que conozcamos los límites de nuestro conocimiento. Es mejor que sepamos que ciertas cosas que damos por sabidas en realidad no las sabemos. Y esta es también la tarea de la filosofía. El método socrático no consistía en ir dando lecciones a los demás, sino en ir despertándoles al desconocimiento de cosas que creían saber.
La persona común cree que conoce por dónde se mueve y qué es el mundo en que se encuentra, pero en realidad no tiene las claves de ese mundo, quizás porque no las podamos tener o quizás porque el conocimiento de esas claves nos lleve toda la vida. Y tal vez porque saber qué es la libertad, el tiempo, la muerte, la belleza, y todo lo demás, sea, en el fondo, nuestra tarea, nuestra tarea de ir enriqueciendo nuestra experiencia, nuestra autopercepción como seres humanos.
Hegel llamó en una de sus obras a "pensar la vida". Esa es la tarea: pensar la vida, pensar qué significa estar con vida para un ser humano que se sabe mortal. Todos sabemos, más o menos, qué es la vida. A un cierto nivel, todos sabemos lo que es engendrar, lo que es enfermar, lo que es trabajar, lo que es ganar dinero o morir. Todos tenemos unas ciertas nociones suficientes, quizás, para un nivel empírico, sobre todas esas cosas. Pero lo que dice Hegel se refiere a qué podemos pensar de todo eso. Si yo sé que me pasan cosas como nacer, envejecer, enamorarme, desenamorarme, trabajar, quizás me pasará también morir, por improbable que parezca, pero ¿qué tengo yo que pensar de todas esas cosas? Esa es la pregunta que hace la filosofía.
Por ejemplo, sabemos lo que es vivir, porque de hecho estamos ya viviendo, pero ¿qué significa realmente vivir?
Noten ustedes que la pregunta filosófica se distingue de la del científico y también de la del poeta. El científico se coloca en el exterior del objeto que estudia. Si alguien escribe un libro de física, o uno de botánica, lo escribe desde fuera. Es decir, el libro no se escribe como una experiencia personal, no se describen cosas tal y como se han sentido personalmente, sino que, al contrario, el científico se borra a sí mismo como sujeto y cuenta todo desde una tercera persona impersonal. No hay un sujeto que palpite detrás de esa visión de las cosas. En la ciencia el sujeto desaparee y el objeto queda convertido en la primera persona. Es la objetividad la que ocupa el escenario.
Frente a eso, en el polo opuesto el poeta lo que ofrece es su sentimiento, lo que ofrece es su experiencia, lo que siente de la vida, lo que experimenta más o menos ciegamente, su padecimiento de la vida. Entonces, mientras que al científico en su objetividad podemos discutirle, es absurdo discutir con un poeta. Cuando Lorca dice "Pasa el jinete tocando el tambor del llamo" es inútil decirle "Oiga, ¿y por qué el jinete va con un tambor y no con una trompeta, y qué es eso de que va tocando?". O sea, se trata de algo que en cierta medida funciona como un chiste, o lo entiendes o no lo entiendes, pero no se trata de algo que se pueda explicar.
En cambio, el científico tiene que dar explicaciones, aunque se trata de explicaciones desde la objetividad y no desde -digamos- su visión personal del asunto.
En cuanto al filósofo, él está a medio camino entre esas dos formas de pensamiento. El filósofo aspira a la objetividad, lo mismo que el científico, es decir, aspira a una visión que pueda intercambiarse, a una visión dialogada, a una visión respecto de la cual otro pueda hacer preguntas. De hecho, los diálogos platónicos, que inician la filosofía, están hechos de preguntas y respuestas.
Sin embargo, tratándose de la filosofía el sujeto no desaparece. La filosofía tiene nombre propio, no es mera objetividad, sino una objetividad narrada desde un sujeto. La filosofía también da cuenta del papel que tiene el sujeto dentro de una visión más o menos objetiva de las cosas.
De modo que en la filosofía hay esa combinación. Tiene parte de la ciencia, en cuanto aspira a la objetividad, pero, por otra parte, el sujeto nunca desaparece. El sujeto está siempre allí, siempre se está contando la experiencia en el mundo de un sujeto. Es decir, lo que el filósofo cuenta no es la experiencia del mundo misma, sino la experiencia de un ser humano que está en el mundo de una manera determinada.
Yo creo que el problema de la filosofía es que ella exige una condición de diálogo y de palabra entre los humanos. La filosofía exige complicidad. No es una revelación ni menos una revelación misteriosa. No es el sabio zen o el maestro hindú que de pronto lanza una frase incomprensible que a los demás no queda más remedio que acatar o rechazar. Al contrario, al filósofo siempre se le puede preguntar por qué ha dicho esto o lo otro. Y, de hecho, el filósofo, si tiene un mínimo de honradez, reconoce la obligación no de ser enigmático como un profeta o un poeta, sino de explicar el porqué de sus planteamientos y de soportar el bombardeo inquisitorial de quien le está haciendo preguntas para averiguar por qué dice lo que dice. El filósofo no puede cerrarse y bloquear la posibilidad del diálogo.
Tratándose de la filosofía, no vale aquella actitud, referida en una anécdota por Bertrand Russell, de un maestro hindú, que preludiaba la New Age, y que fue a Oxford y dio una conferencia ante un público ávido de revelar los secretos del universo que él pretendía conocer. Ese maestro dijo "El mundo está apoyado sobre el lomo de un gigantesco elefante y este elefante apoya sus patas sobre la concha de una inmensa tortuga". Ante lo cual una señora que estaba en el público pidió la palabra para preguntar "¿Y la tortuga?" "La tortuga se apoya sobre la espalda de una monstruosa araña", dijo el maestro. Y la señora, implacable, preguntó ahora "¿Y la araña?" "La araña se apoya sobre una monstruosa roca". Naturalmente, la señora insistió: "¿Y la roca?". Y entonces el maestro dijo "Mire señora, hay rocas hasta abajo".
En ese episodio el filósofo es la señora, puesto que las preguntas que hacía eran las preguntas filosóficas. Lo que ella quería decir es que nadie tiene derecho a contarnos una revelación cuyas fuentes no explica. Si el conferenciante hubiera sido un poeta interesado en narrar en una poesía como veía el mundo, entonces no hay problema. Él podría hablar del elefante, de la tortuga y de todo lo demás, y tendríamos que aceptar las licencias poéticas que utiliza. Pero si el que habla dice que está haciendo filosofía, entonces tiene que explicar por qué la araña estaba allí y no en otro lugar, y dónde se apoyaba ella y dónde se apoyaba todo lo que no se apoyaba en la araña.
Lo anterior quiere decir que la filosofía no puede negarse a dar cuenta de lo que dice, a pesar de que lo vasto y asombroso de su proyecto desborda evidentemente todo lo que un ser humano puede alcanzar. Porque, ¿cómo un simple mamífero puede comprender el Universo? El proyecto de la filosofía es excesivo y de ahí entonces que, desde un comienzo, el filósofo sea un personaje risible. Desde la historia que protagonizó Tales de Mileto, el primer filósofo, que cayó a un pozo mientras caminaba mirando las estrellas y provocó la risa de su criada. Desde ese incidente, los filósofos siempre han sido, o hemos sido -aunque yo no me considero filósofo, sino profesor de filosofía- unos personajes cómicos que pretenden alcanzar nada menos que el conocimiento de las preguntas cuya respuesta resolvería el enigma del mundo, contando para ello con la pequeñez de los medios que cada uno de nosotros tiene para contestar esas preguntas.
Pero esa comicidad, esa especie de sonrisa que despierta la ambición del filósofo, que por lo demás nunca logra colmar, es, por otra parte, la propia ambición del empeño humano, es decir, del intento de seres humanos que no podemos vivir la vida sin examen. Porque una vida sin examen no merece la pena de ser vivida. Y me refiero a observar la vida no para una cuestión práctica, no para resolver nada en concreto, sino simplemente para ver qué es, cómo es, en qué consiste.
La filosofía, por esta condición de diálogo y de búsqueda de complicidad con el otro, tropieza con un problema. Con el problema de aquél que se niega a la palabra, de aquél que impone la fuerza, de aquél que se vale del puro y desnudo poder, negándose a esa complicidad de los humanos que es la palabra.
Comentaba ayer en otra de mis charlas que cada vez que se habla de la tragedia de la filosofía se menciona la muerte de Sócrates, tan patética, con el maestro diciendo palabras y los discípulos llorando y todo eso. Se trata, desde luego, de una escena dramática, pero no me parece que represente la verdadera tragedia de la filosofía. El momento realmente trágico de la filosofía se encuentra en "Gorgias", el diálogo platónico, cuando Sócrates sostiene que es mejor padecer una injusticia que infringirla. Pues bien, frente a él está Calicles, un joven arrogante y violento, una especie de protofascista antes de época, que exclama algo así como "Esos son absurdos, esas son tonterías. Todos sabemos que es mejor cometer una injusticia que padecerla, además que no existe verdadera injusticia en la voluntad del fuerte. El verdadero bien, lo realmente bueno, es la voluntad del fuerte. Los débiles son los que tratan de crear ese consenso del renunciamiento y la bondad, pero, en el fondo, lo hacen para disimular su debilidad y para impedir que los fuertes se afirmen". Calicles sostiene tesis como esas, que luego otros autores, digamos más peligrosos que Calicles, han hecho conocidas.
Sócrates discute con Calicles e intenta poner objeciones, y éste, en un primer momento, continúa razonando de manera arrogante y violenta. Sin embargo, poco a poco va dándole la razón a Sócrates, quién, sorprendido ante esta inesperada aquiescencia, le dice "Bueno, entonces estamos de acuerdo", ante lo cual Calicles exclama que no están de acuerdo y lo que diga Sócrates le da lo mismo. Lo que Calicles quiere decir con eso es que él no entra en el juego de la persuasión, que no quiere ser persuadido, que le da lo mismo cuanto pueda decírsele, puesto que él se va a imponer de todos modos.
Ese es el momento verdaderamente trágico de la filosofía, cuando se corta la posibilidad del intercambio y del diálogo, cuando se cierra toda posibilidad a una respuesta que no sea meramente instrumental. Ahí se acaba la posibilidad no sólo de lo racional, sino de lo razonable. Porque el ser humano puede ser no solamente racional, que es lo que ocurre cuando busca los mejores medios para obtener los fines que se propone, sino también razonable. Ser racionales nos ayuda a tratar con objetos, y a veces es la causa de que tratemos a los demás como si fueran objetos. Por eso es que se consideran muy racionales esas medidas macroeconómicas, o lo que sea, que tratan a los seres humanos como si fueran objetos. Son medidas racionales, es cierto, pero no son razonables. Porque lo razonable es tratar a los sujetos como sujetos.
Entonces, Calicles es probablemente racional, porque él quiere conseguir unos objetivos, para lo cual empleará la fuerza, pero no es razonable, puesto que no está dispuesto a tratar a los sujetos como sujetos.
Tal es la demanda de la filosofía: defender la dimensión de lo razonable, acordar qué fines son buenos o no, porque vivimos en un mundo excesivamente racional, en el sentido de desnudamente racional, en el que la razón es simplemente búsqueda de medios para fines respecto de los cuales no acostumbra preguntarse si nos convienen o no, si son o no preferibles a otros fines.
En cuanto a la globalización, sobre la cual se habla y se disparata tanto, uno puede estar a favor de ella, o simplemente asumirla como algo inevitable, pero sin compartir por ello todas las orientaciones y aplicaciones que la globalización va teniendo, del mismo modo que uno puede estar a favor de la electricidad sin ser partidario de la silla eléctrica. Entonces, sería absurdo que a quién pone objeciones a la silla eléctrica se le dijera que está en contra de la electricidad y del progreso. Del mismo modo, uno puede estar a favor de la globalización y no estarlo a favor de muchas de las consecuencias y de los caminos concretos que sigue hoy la globalización.
Lo que es preciso asumir, como siempre, es una actitud crítica, y para eso sirve la reflexión aparentemente inútil de la filosofía. Para decir en las aulas y para acostumbrar a los alumnos que no todo pensamiento tiene que ser necesariamente instrumental y que hay también un pensamiento no instrumental, un pensamiento que reflexiona sobre los fines, que no da los fines por establecidos y que se pregunta sólo por los medios para obtenerlos.
Cristián Warnken y yo tenemos un duelo. Él empieza con un poema y yo acabo con otro. Entonces, después del muy bonito poema de Huidobro que él leyó, yo procuraré reproducir un poema sobre la filosofía, de José Bergamin, un poeta del que yo fui muy amigo:
"Tuvo la filosofía, cuando lo quiso tener,
más que de un querer saber, de un saber que no quería,
que es un sabor de poesía, saborear el no ser".
FRASES PARA LA REFLEXIÓN. SAVATER
"es mejor saber que no se sabe que creer que se sabe sin saber" F. Savater
FRASES PARA LA REFLEXIÓN. SAVATER
"la filosofía no es para salir de dudas sino para entrar en dudas" F. Savater
FRASES PARA LA REFLEXIÓN. SAVATER
martes, 8 de febrero de 2011
FILOSOFÍA. A FAVOR DE LA FILOSOFÍA. SAVATER
UNA VIDA DEDICADA AL SABER
A favor de la filosofía
Por Fernando Savater. Filósofo
Sin duda hoy la filosofía no es la chica más guapa de la clase ni tampoco la más popular. Pierde horas en los planes de estudio y para colmo se la empareja en algunos cursos con ciudadanía, lo cual es el mejor modo de fastidiar por igual ambas materias.
Yo creo que uno de los problemas principales del estudio de la filosofía es lograr entender de qué va o, mejor, cogerle la gracia: como los chistes. No es tan fácil. Isaiah Berlin empezó su vida académica como filósofo (era uno de los discípulos predilectos de Wittgenstein) pero luego dejó este primer amor para dedicarse a la historia de las ideas; cuando se le preguntó por las razones de tal cambio, repuso: "Es que quiero estudiar algo de lo que al final pueda saber más que al principio".
En efecto, la filosofía trata de cuestiones no instrumentales --como las que se plantea la ciencia-- y que por tanto nunca pueden ser definitivamente solventadas: sus respuestas ayudan a convivir con las preguntas, pero nunca las cancelan. De ahí que quienes aconsejan con impaciencia a los filósofos acogerse a la psicología evolutiva o a las neurociencias sencillamente no entienden el chiste ni ven la gracia al asunto. Como bien indica Giacomo Marramao en Kairós (Editorial Gedisa), "las interrogaciones filosóficas se sirven de la experiencia y no del experimento, y por ello solo pueden utilizarse en los símbolos, metáforas, palabras clave con las cuales intentamos conocer la realidad en que vivimos".
Quizá la mejor caracterización de la inquietud filosófica es señalar que se ocupa de "las interrogaciones que a todos nos conciernen", no en cuanto preocupados por tal o cual sector del conocimiento, sino en lo que toca a nuestro común oficio de vivir como humanos. Este es el planteamiento básico sustentado por Víctor Gómez Pin en su "Filosofía" (Gran Austral, editorial Espasa Calpe), una introducción general a la materia que puede resultar ardua para quien apetezca simplificaciones de manual pero que resulta provechosa a cuantos crean que lo importante siempre resulta también exigente.
Gómez Pin no rehúye partir de los avances de la matemática y otras ciencias, pero busca sin cesar establecer ese nivel común a la inquietud humana general que es propiamente filosófico. Porque no debe olvidarse --como bien dice Odo Marquard-- que el filósofo no es un experto, sino quien dobla al experto: el especialista para escenas de peligro.
Otro camino de acercarse al chiste filosófico pasa a través de la vida y obra de algunos grandes pensadores. Las ediciones Marbot, que han iniciado recientemente con acierto y buen gusto su andadura, proponen dos libros excelentes a tal propósito. Cada uno de ellos está centrado en un filósofo, desde enfoques muy distintos aunque ambos bien logrados. El Séneca, de Paul Veyne, historiador del mundo clásico que estuvo muy vinculado intelectualmente a Michel Foucault, es un estudio magistral de la vida, obra y época del pensador nacido en la Córdoba primitiva. Nos narra la trayectoria humanísima y por tanto a veces contradictoria de un indagador preocupado con esa gran molestia intelectual y práctica: la dificultad de habitar el mundo sabiéndose mortal.
En los días de Séneca, ser filósofo no era escribir tratados de filosofía ni mucho menos dar cursos de esa materia, sino vivir de un modo determinado: con deliberación y conciencia, luchando contra la rutina mimética que todo lo arrastra y nada se pregunta. Por otra parte, el Spinoza, de Alain, prescinde de la parafernalia historicista y de la mirada externa de comentador: resume en un inigualable prontuario lo esencial del pensamiento del valiente sabio judío como si fuera él mismo quien hablase sin intermediarios ni distancia académica.
Durante muchos años, el libro de Alain ha constituido la base de gran parte de mis cursos y también --ayer como hoy-- del pensamiento que me ayuda a vivir. Por suerte, la filosofía es una tradición de la que no debemos renunciar a nada: pero si debo quedarme con un solo compañero filosófico, que me dejen con Spinoza.
La filosofía nace con la democracia y representa en el terreno intelectual lo mismo que ella en el político: la autonomía del individuo pensante frente a las veneraciones inapelables establecidas. Quienes por razones espuriamente funcionales tratan de disminuir hoy su peso en la enseñanza, pretenden sin duda también la sumisión al poder incuestionado y no la mera eficacia laboral.
viernes, 7 de enero de 2011
FILOSOFÍA. DEBATE SOBRE DIOS
a quien le apetezca, interesante debate. independientemente de las creencias de cada cual, se aprenden cosas
jueves, 2 de diciembre de 2010
FILOSOFÍA. Ignorancia. Fernando Savater
“La ignorancia a la que alude Galbraith es la ignorancia de los procedimientos esenciales de relación con los demás. Es ignorante en ese sentido la persona que no sabe expresar a otros, de manera inteligible y argumentada, sus demandas sociales. Es ignorante en ese sentido el que no sabe comprender las demandas sociales argumentadas que otros le hacen, la persona que es incapaz de entender un texto sencillo que vaya más allá de la crónica de deportes del periódico, la persona que es incapaz de escribir o de comunicar por escrito ideas de cierta relevancia, de cierta profundidad. Ése es el tipo de ignorancia a la que se refiere Galbraith: la de quien es ignorante porque no puede comunicarse ni comprender lo que le comunican, porque no puede entrar enrelación con los demás, en esa necesaria complicidad sin la cual no puede funcionar la democracia.
La ignorancia, como la miseria, aísla a las personas. Se habla mucho del individualismo contemporáneo y del aislamiento cultural a que algunas personas se someten voluntariamente, centrándose en su propia vida, en sus propios problemas, dado que hay una tendencia a romper lazos sociales y centrarse exclusivamente en los problemas personales. Pero el verdadero
aislamiento, el aislamiento más terrible porque es inevitable, es el de la persona que está sometida a esas dos dictaduras atroces que son la miseria y la ignorancia.” Fernando Savater
sábado, 6 de noviembre de 2010
FILOSOFÍA. Entrevista a Fernando Savater
ENTREVISTA A FERNANDO SAVATER, FILÓSOFO Y ESCRITOR ESPAÑOL
«Los niños llegan a la escuela sin disciplina porque las familias eluden educarlos»
En el proyecto de ser humanos, la escuela representa el espacio donde el niño empieza a socializar. Frente a otros referentes formativos, como la familia o los grupos de pares, la institución escolar destaca por estar sujeta al control público. Ahora bien, la educación no depende sólo de ella. Sin embargo, la sociedad –sobre todo los padres— pretende transferirle esta tarea y desembarazarse así de la responsabilidad que implica.
Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es
juanpabloteina@yahoo.es
Fernando Savater es un intelectual ocupado. El reconocido filósofo español, nacido en 1947, trabaja a destajo en otro libro para agregar a su cuantiosa producción ¾ha publicado ya casi medio centenar de obras—. Esta vez, según explica a Teína, el texto en preparación versa sobre «las diferentes creencias religiosas y su relación con la muerte». Un ensayo que publicará bajo el sugerente título La vida eterna. Por eso aclara que sólo concederá media hora para la entrevista. Eso sí, tiempo más que suficiente para que comente conceptos clave en torno a su libro El valor de educar (Ariel, Barcelona, 1997).
Allí, Fernando Fernández-Savater Martín ¾ése es su nombre completo— trata de forma amena aspectos educativos problemáticos. Y los aborda sin rodeos, con claridad expositiva y proponiendo alternativas. Lejos de los análisis catastrofistas, la lectura transmite tranquilidad y optimismo, aunque sin dejar, por ello, de advertir —incluso en tono incisivo— sobre las urgencias en una materia sensible en toda sociedad: la formación de sus noveles. Un buen ejemplo de esas notas lo constituye su opinión acerca de que los padres y las familias esquivan con frecuencia la responsabilidad de educar a los niños.
Estimular la sed de conocimiento y, luego, satisfacerla, conforma una tarea que hoy recae casi exclusivamente en el sistema educativo. Cuando en realidad concierne a las distintas partes de la sociedad y, en principio, a la familia. La escuela se encuentra así asfixiada por un bultoenorme al que el resto le hace la vista gorda. Además, debe soportar ese peso exclusivo mientras por otro lado aguanta los golpes bajos de sus propias deficiencias. Por ejemplo, la «pedantería pedagógica» de muchos maestros cuya falta de humildad agobia y anula los deseos de aprender del ya mal estimulado alumno.
Savater se ha dedicado a lo largo de su carrera a reflexionar sobre asuntos cotidianos y candentes en la sociedad, como la ética, la política o, ahora, la muerte. Por medio de un lenguaje accesible ¾y no por ello menos lúcidos— ha conseguido acercar la filosofía al gran público, incluidos los jóvenes. Y lo ha hecho con éxito, como lo demuestran Ética para Amador yPolítica para Amador: En ese sentido, pertenece a la clase de pensadores más preocupados por darle soluciones a la gente común que por alimentar los abstractos dilemas que ocupan a muchos de quienes habitan los claustros universitarios (si bien él enseña filosofía en uno, la Universidad Complutense de Madrid). Sin pretender con esto menospreciar al academicismo, resulta destacable el interés de Savater por arrojar destellos sobre la oscuridad general.
NACER HUMANO, HACERSE HUMANO
Usted indica que ser humano se nace pero también hay que serlo, es decir, que debe conseguirse ese ideal. ¿Qué importancia tiene la escuela en este sentido?Fundamental. El ser humano no es una descripción biológica sino también un proyecto cultural y, si se quiere, filosófico. Obviamente los humanos nacemos del útero materno pero después debemos nacer en el útero social y construirnos como humanos por medio del lenguaje, de la socialización, de la ética. En todo eso la escuela cumple el proceso básico, porque es el momento en que los neófitos se ponen en contacto con un ámbito más amplio que su familia, menos íntimo, de menor identificación sentimental y más coactivo, más social.
Pero si los niños están 4 ó 5 horas diarias en el colegio y el resto del tiempo conviven con otros referentes como la propia familia, los amigos o los medios de comunicación, ¿hasta qué punto la escuela puede llevar a la práctica esa función esencial?En todo caso es lo que tiene que intentar. En algunos los logrará mejor que en otros, pero la escuela es el único referente que puede tener un control público y democrático. Uno no puede elegir a los padres de los niños ni a sus amigos, y los medios de comunicación están regidos por las leyes de mercado. Los únicos que están sometidos a un cierta dirección o control democrática son la escuela y los planes de estudio, y por lo tanto esas horas son esenciales. Luego, el proyecto se logrará mejor según el país y la institución en cuestión, pero eso es lo que hay.
Con frecuencia los padres se quejan respecto a la falta de incentivo para estudiar de los jóvenes y culpan de ello a la escuela. ¿Qué lugar ocupa la familia en este desánimo?Precisamente sería la familia la que tendría que realizar esa estimulación. El niño, en principio, no tiene ningún entusiasmo por la escuela porque no conoce los bienes que puede obtener por medio de la educación escolar , ; somos los adultos quienes sabemos lo que puede dar la escuela. Los padres son los que tendrían que convertirse en abogados y propagandistas de ella para que el niño acuda con interés, y también ayudarle en sus tareas. La escuela no es un lugar que deba ser divertido o entretenido o que deba auto justificarse, sino que el impulso hacia ella debe venir de la dimensión sentimental, familiar.
ESCUELAS PARA UN MUNDO PLURAL
Se habla de la desinstitucionalización de los aparatos modernos ante la pluralidad de referentes culturales, morales, sociales y del desdibujamiento de los valores que regían estas instituciones. ¿Cómo podemos saber qué enseñar en la escuela en un mundo con pareceres tan divergentes y, al parecer, en permanente conflicto?
Toda educación es un reflexión sobre la cultura, educar es reflexionar sobre lo que merece transmitirse y lo que no. Que vivamos en sociedades plurales, debería incitarnos a crear una base común que se pueda transmitir por medio de la escuela. Una cosa es que nuestra sociedad sea plural y otra que no sea una sociedad, es decir, una yuxtaposición de tribus o grupos que deben vivir unos con otros. Una sociedad, si realmente es una sociedad, por más plural que sea, debe tener una estructura común de valores y de sentidos por debajo de todas la variedades culturales. Esos valores comunes son los que deben inculcarse fundamentalmente. Luego, cada escuela puede tener su propio sesgo según la orientación del grupo escolar.
En países donde el fenómeno de la inmigración es pronunciado, como en el caso español, se observa una tendencia hacia la concentración del alumnado inmigrante en los colegios públicos. ¿Cómo debe tratar el gobierno esta tendencia para evitar la conformación de guetos?Los colegios concertados deben asumir su carga de personas con necesidades especiales educativas. Lo que no puede ser es que un colegio concertado [aquellos de financiamiento público y gestión privada que el gobierno español creó para descongestionar el sistema público] se comporte como uno privado y que por medio de subterfugios y de pautas de selección evite el alumnado inmigrante o conflictivos que puedan trastornar la tranquilidad del colegio. Todos los colegios, incluso los privados, deberían tener una carga obligatoria de mezcla, porque debemos prepararnos para vivir en sociedades mezcladas, pues es lógico que el colegio sea el primer centro de mezcla, donde haya también inmigrantes, niños con problemas de adaptación o con diferentes niveles expresivos... En cualquier caso, esto debe garantizarse, esto es, debe combatirse en los colegios concertados cualquier cláusula que les permita no aceptar alumnos inmigrantes, y favorecer que éstos se concentren en la escuela pública.
Sobre todo porque esa tendencia va en contra del objetivo de “universalización democratizadora”, que usted señala en El valor de educar, ¿no? [...la escuela –escribe Savater— es el único ámbito general que puede fomentar el aprecio racional por aquellos valores que permiten convivir juntos a los que son gozosamente diversos].Claro, estaríamos educando en guetos para una vida en común. El colegio debería parecerse en lo posible al mundo en que deben vivir los niños, incluso en sus problemas, en sus dificultades. No deberíamos educar sin problemas y sin heterogeneidad para un mundo que es heterogéneo y que tiene dificultades de relación. La escuela debe asumir esa problematización.
Si invertimos esa reflexión: ¿coincide en que los colegios son hoy un reflejo de esta sociedad donde abundan las desigualdades sociales?
Por supuesto que sí. Hay una idea que intenta que el colegio sea una reproducción de elites, que haya colegios al resguardo del resto de la sociedad que reproduzcan la clase de tropa social; esa pretensión la ha habido siempre, mucho más que ahora. Y todavía queda mucho de esa tenencia, la vemos en la resistencia a los cambios educativos. Pero se veía mucho más antes, cuando se educaban unos cuantos elegidos de la sociedad y los demás eran domesticados pero no educados. Hoy, aunque todo el mundo puede acceder a la educación, aún en muchos asuntos esenciales existe ese clasismo.
CRISIS DE LA AUTORIDAD
Los movimientos contraculturales han criticado la función social de la escuela. ¿Qué parte de verdad hay en las teorías que defienden estos grupos cuando hablan de la escuela como aparato de control y de disciplinamiento?Es cierto que la escuela es un instrumento de control y de disciplina, lo que pasa es que eso no tiene nada de malo. Ahora, una cosas son los abusos y los excesos y otra, la autoridad. Aristóteles decía que para llegar a ser gobernante antes hay que haber sido gobernado. Eso es la educación. Un ciudadano demócrata es un gobernante porque en la democracia todos somos gobernantes de nuestros países. Y para ejercer el control, la disciplina, en la sociedad en que vamos a vivir, antes hay que haber conocido esos mecanismo;primero como sujeto paciente y luego como protagonista. La educación es el primer momento en que somos gobernados, en que tenemos un control, una dirección, que naturalmente no tiene por qué ser caprichosa o autoritaria. Como en muchas otras cosas, la contracultura se equivoca.
¿Existe una crisis de la figura de autoridad?Es uno de los problemas con los que choca la escuela, evidentemente. Dado que los padres y las familias rara vez asumen la labor pedagógica básica, la socialización primaria, los niños llegan a la escuela sin ningún tipo de disciplina, el maestro no es una figura respetada y, claro, la educación tiene una cierta dimensión coactiva. Si no puede ejercerse esa coacción razonable, si el maestro no tiene ninguna autoridad, no se puede ejercer como maestro.
Usted habla también del miedo como un elemento positivo en la educación.Es un elemento positivo de la cordura humana. Los seres finitos y mortales hacen grillete del miedo. Entonces el miedo, que va a ser un elemento importante a lo largo de nuestra vida, empieza a tener un valor educativo, es decir, que haya una dosificación del miedo forma parte de la educación.
La violencia extrema entre los niños en los colegios es atribuida con frecuencia a la influencia de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión. ¿Qué opina?Los medios de comunicación pueden tener parte de culpa. Pero también la violencia que hay en la sociedad, la permanente utilización de la fuerza entre los países, dentro y fuera de las naciones, el terrorismo, las guerras. Eso debe ser atajado por los colegios, es decir, los profesores no pueden inhibirse frente al acoso escolar, no pueden dejar que ese mecanismo funcione. Y para eso deberían tener esa autoridad de la que en ocasiones carecen.
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