recopilación de materiales para las asignaturas de Educación para la Ciudadanía, Filosofía de 1º de Bachillerato y Psicología
Enlaces interesantes (digo yo)
- biografías
- casa del libro
- Ciencia. Curiosidades
- cine
- ciudad k. programa muy interesante
- cortometrajes
- cortometrajes clásicos
- cortometrajes de animación
- cortometrajes rtve
- despertador en internet
- diccionario de inglés
- documentales a mogollón
- enjuto mojamuto
- juego del comecocos
- librería popular
- órbita laika. divulgación científica
- pienso, luego existo. rtve.
- programa redes
- psicología. artículos. álex rovira
- psicología. buena página
- psicología. experimentos
- qué tiempo va a hacer
- REVISTA DIGITAL "OPINNION"
- rutas de senderismo y más. gps
- spotify alternativo
- tengo una pregunta para mí.programa rtve
- tres14
Mostrando entradas con la etiqueta sócrates. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sócrates. Mostrar todas las entradas
miércoles, 5 de noviembre de 2014
martes, 28 de diciembre de 2010
martes, 9 de noviembre de 2010
FILOSOFÍA. Documental vida de Sócrates.
SEGUNDA PARTE: http://www.youtube.com/watch?v=zRZzloi3GjM
TERCERA PARTE(Y ÚLTIMA): http://www.youtube.com/watch?v=ETGz6NWpaw0
viernes, 22 de octubre de 2010
FILOSOFÍA. SÓCRATES, ÚLTIMOS MOMENTOS
![]() |
| La supuesta cárcel de Sócrates en Atenas |
FEDÓN. PLATÓN.
Después de que él hubo dicho esto, habló Critón:
-Bien, Sócrates, ¿qué nos encargas a éstos o a mí, acerca de tus hijos
o de cualquier otro asunto, que nosotros podamos hacer a tu agrado y
que haremos muy a gusto?
-Lo que continuamente os digo -dijo él-, nada nuevo. Que cuidándoos
de vosotros mismos haréis lo que hagáis a mi agrado y al de los
míos y de vosotros mismos, aunque ahora no lo reconozcáis. Pero si os
descuidáis de vosotros mismos, y no queréis vivir tras las huellas, por
así decir, de lo que ahora hemos conversado y lo que hemos dicho en el
tiempo pasado, por más que ahora hicierais muchas y vehementes promesas,
nada más lograréis.
-En eso nos afanaremos -dijo-, en hacerlo así. ¿Y de qué modo te
enterraremos?
-Como queráis -dijo-, siempre que me atrapéis y no me escape de vosotros.
Sonriendo entonces serenamente y dirigiéndonos una mirada, comentó:
-No logro persuadir, amigos, a Critón, de que yo soy este Sócrates
que ahora está dialogando y ordenando cada una de sus frases, sino que
cree que yo soy ese que verá un poco más tarde muerto, y me pregunta
ahora cómo va a sepultarme. Lo de que yo haya hecho desde hace un
buen rato un largo razonamiento de que, una vez que haya bebido el
veneno, ya no me quedaré con vosotros, sino que me iré marchándome
a las venturas reservadas a los bienaventurados, le parece que lo digo
en vano, por consolaros a vosotros y, a la par, a mí mismo. Salidme,
pues, fiadores ante Critón -dijo-, pero con una garantía contraria a la
que él presentaba ante los jueces. Pues él garantizaba que yo me
quedaría. Vosotros, por tanto, sedme fiadores de que no me quedaré
después que haya muerto, sino que me iré abandonándoos, para que
Critón lo soporte más fácilmente, y al ver que mi cuerpo es enterrado o
quemado no se irrite por mí como si yo sufriera cosas terribles, ni diga
en mi funeral que expone o que lleva a la tumba o que está enterrando a
Sócrates. Pues has de saber bien, querido Critón -dijo él-, que el no expresarse
bien no sólo es algo en sí mismo defectuoso, sino que, además,
produce daño en las almas. Así que es preciso tener valor y afirmar
que sepultas mi cuerpo, y sepultarlo del modo que a ti te sea grato y
como te parezca que es lo más normal.
Después de decir esto, se puso en pie y se dirigió a otro cuarto con la
intención de lavarse, y Critón le siguió, y a nosotros nos ordenó que
aguardáramos allí. Así que nos quedamos charlando unos con otros
acerca de lo que se había dicho, y volviendo a examinarlo, y también
nos repetíamos cuán grande era la desgracia que nos había alcanzado
entonces, considerando simplemente que como privados de un padre
íbamos a recorrer huérfanos nuestra vida futura. Cuando se hubo lavado
y le trajeron a su lado a sus hijos -pues tenía dos pequeños y uno ya
grande- y vinieron las mujeres de su familia, ya conocidas, después de
conversar con Critón y hacerle algunos encargos que quería, mandó retirarse
a las mujeres y a los niños, y él vino hacia nosotros. Entonces
era ya cerca de la puesta del sol. Pues había pasado un largo rato dentro.
Vino recién lavado y se sentó, y no se hablaron muchas cosas tras esto,
cuando acudió el servidor de los Once y, puesto en pie junto a él, le
dijo:
-Sócrates, no voy a reprocharte a ti lo que suelo reprochar a los demás,
que se irritan conmigo y me maldicen cuando les mando beber el
veneno, como me obligan los magistrados. Pero, en cuanto a ti, yo he
reconocido ya en otros momentos en este tiempo que eres el hombre
más noble, más amable y el mejor de los que en cualquier caso llegaron
aquí, y por ello bien sé que ahora no te enfadas conmigo, sino con ellos,
ya que conoces a los culpables. Ahora, pues ya sabes lo que vine a
anunciarte, que vaya bien y trata de soportar lo mejor posible lo inevitable.
Y echándose a llorar, se dio la vuelta y salió.
Entonces Sócrates, mirándole, le -contestó:
-¡Adiós a ti también, y vamos a hacerlo!
Y dirigiéndose a nosotros, comentó:
-¡Qué educado es este hombre! A lo largo de todo este tiempo me ha
visitado y algunos ratos habló conmigo y se portaba como una persona
buenísima, y ved ahora con qué nobleza llora por mí. Conque, vamos,
Critón, obedezcámosle, y que alguien traiga el veneno, si está triturado
y si no, que lo triture el hombre.
Entonces dijo Critón:
-Pero creo yo, Sócrates, que el sol aún está sobre los montes y aún no
se ha puesto. Y, además, yo sé que hay algunos que lo beben incluso
muy tarde, después de habérseles dado la orden, tras haber comido y
bebido en abundancia, y otros, incluso después de haberse acostado con
aquellos que desean. Así que no te apresures; pues aún hay tiempo.
Respondió entonces Sócrates:
-Es natural, Critón, que hagan eso los que tú dices, pues creen que
sacan ganancias al hacerlo; y también es natural que yo no lo haga.
Pues pienso que nada voy a ganar bebiendo un poco más tarde, nada
más que ponerme en ridículo ante mí mismo, apegándome al vivir y escatimando
cuando ya no queda nada. Conque, ¡venga! -dijo-, hazme caso
y no actúes de otro modo.
Entonces Critón, al oírle, hizo una seña con la cabeza al muchacho
que estaba allí cerca, y el muchacho salió y, tras demorarse un buen rato,
volvió con el que iba a darle el veneno que llevaba molido en una
copa. Al ver Sócrates al individuo, le dijo:
-Venga, amigo mío, ya que tú eres entendido en esto, ¿qué hay que
hacer?
-Nada más que beberlo y pasear -dijo- hasta que notes un peso en las
piernas, y acostarte luego. Y así eso actuará.
Al tiempo tendió la copa a Sócrates.
Y él la cogió, y con cuánta serenidad, Equécrates, sin ningún estremecimiento
y sin inmutarse en su color ni en su cara, sino que, mirando
de reojo, con su mirada taurina, como acostumbraba, al hombre, le dijo:
-¿Qué me dices respecto a la bebida ésta para hacer una libación a
algún dios? ¿Es posible o no?
-Tan sólo machacamos, Sócrates -dijo-, la cantidad que creemos precisa
para beber.
-Lo entiendo -respondió él-. Pero al menos es posible, sin duda, y se
debe rogar a los dioses que este traslado de aquí hasta allí resulte feliz.
Esto es lo que ahora yo ruego, y que así sea.
Y tras decir esto, alzó la copa y muy diestra y serenamente la apuró
de un trago. Y hasta entonces la mayoría de nosotros, por guardar las
conveniencias, había sido capaz de contenerse para no llorar, pero
cuando le vimos beber y haber bebido, ya no; sino que, a mí al menos,
con violencia y en tromba se me salían las lágrimas, de manera que cubriéndome
comencé a sollozar, por mí, porque no era por él, sino por
mi propia desdicha: ¡de qué compañero quedaría privado! Ya Critón
antes que yo, una vez que no era capaz de contener su llanto, se había
salido. Y Apolodoro no había dejado de llorar en todo el tiempo anterior,
pero entonces rompiendo a gritar y a lamentarse conmovió a todos
los presentes a excepción del mismo Sócrates.
Él dijo:
-¿Qué hacéis, sorprendentes amigos? Ciertamente por ese motivo
despedí a las mujeres, para que no desentonaran. Porque he oído que
hay que morir en un silencio ritual. Conque tened valor y mantened
la calma.
Y nosotros al escucharlo nos avergonzamos y contuvimos el llanto.
Él paseó, y cuando dijo que le pesaban las piernas, se tendió boca arriba,
pues así se lo había aconsejado el individuo. Y al mismo tiempo el
que le había dado el veneno lo examinaba cogiéndole de rato en rato los
pies y las piernas, y luego, aprentándole con fuerza el pie, le preguntó
si lo sentía, y él dijo que no. Y después de esto hizo lo mismo con sus
pantorrillas, y ascendiendo de este modo nos dijo que se iba quedando
frío y rígido. Mientras lo tanteaba nos dijo que, cuando eso le llegara al
corazón, entonces se extinguiría.
Ya estaba casi fría la zona del vientre cuando descubriéndose, pues
se había tapado, nos dijo, y fue lo último que habló:
-Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo
descuides.
-Así se hará -dijo Critón-. Mira si quieres algo más.
Pero a esta pregunta ya no respondió, sino que al poco rato tuvo un
estremecimiento, y el hombre lo descubrió, y él tenía rígida la mirada.
Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.
Éste fue el fin, Equécrates, que tuvo nuestro amigo, el mejor hombre,
podemos decir nosotros, de los que entonces conocimos, y, en modo
muy destacado, el más inteligente y más justo.
martes, 5 de octubre de 2010
FILOSOFÍA. Alegoría de la caverna. Platón
Platón, La República, libro VII
- Y a continuación – seguí - , compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia delante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual supone que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público por encima de las cuales exhiben aquéllos sus maravillas.
- Ya lo veo, dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes – dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros – dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos.
- ¿Cómo – dijo- si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente?. ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!, -dijo.
- Entonces, no hay duda –dije yo – de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
- Es enteramente forzoso –dijo.
- Examina, pues, -dije - , qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
- Mucho más, -dijo.
- Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿ no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría que éstos son realmente más claros que los que le muestran?
- Así es –dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza – dije- ,obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz, - dijo- , al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente, -dijo,
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente – dijo – que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
- ¿Y qué?. Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquéllos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente “trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio” o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo –dijo-; que preferiría cualquier otro destino antes de aquella vida.
- Ahora fíjate en esto – dije - : si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente, -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad – y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse - , ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían, si encontraran manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?
- Claro que sí, -dijo.
TRABAJANDO UN RATITO:
1) Empecemos haciendo un esquema, croquis o dibujo de la situación que describe Platón, de esa caverna con todos sus elementos, sus prisioneros, el fuego, el camino, las figuras, etc.
2) Por cierto, ¿quién es Platón?. Sería conveniente obtener alguna información sobre él, como cuándo estuvo por aquí, qué es lo que hizo, por qué aparece en una asignatura como ésta...
3) Y ahora, antes de seguir más; ¿de qué va el texto? ¿de qué trata? ¿cuál puede ser su tema?; en suma, ¿de qué nos está hablando Platón? Y, además, resumir el sentido del texto en una línea, como si de una moraleja se tratara.
4) Considera Platón en varias ocasiones que al prisionero encadenado hay que obligarle a salir de la caverna. Oigámoslo:
‘cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente...’
‘..y si se le obligara a fijar la vista...’
‘...y si se lo llevaran de allí a la fuerza, obligándole a recorrer la áspera...’
Pero, ¿por qué? ¿por qué hay que obligar al prisionero? ¿no saldría él solo por propia decisión?
5) El prisionero, una vez liberado, ‘preferiría cualquier otro destino antes de aquella vida’, es decir, antes que volver de nuevo a la caverna. Y sin embargo, ¿volvería? ¿tendría alguna necesidad o alguna obligación de retornar? ¿por qué?
6) Dice Platón: “...y si tuviese que competir (el prisionero liberado) de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras...¿no daría que reír y no se diría de él que por haber subido allá arriba ha vuelto con los ojos estropeados y que no vale la pena ni aun intentar semejante ascensión?’
¿Creéis que ocurre esto así en la vida? ¿Algunos ejemplos?
En estas condiciones, ¿qué podría, tendría, debería hacer el prisionero liberado?
7) Pero no termina ahí el rechazo de los prisioneros encadenados:
‘¿y no matarían (los prisioneros encadenados) si encontraran manera de echarle mano (al prisionero liberado que regresa a la caverna) y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?’
¿por qué? ¿cuáles pueden ser las razones de ese comportamiento?
En realidad, ¿es así? ¿ocurre de verdad esto?
¿Se os ocurren ejemplos concretos, casos reales, en que pasen las cosas tal y como las narra Platón?
Es que es un texto muy bueno! Quien no lo vea pues allá él…
FILOSOFÍA. Antes y después de Sócrates. F. Cornford
“Si nos fuera factible considerar el desarrollo del género humano en su integridad, estos últimos veinticinco siglos de ciencia transcurridos desde los días de Tales de Mileto hasta los nuestros propios, veríamos a la filosofía como el más grande de los logros humanos. La especulación presocrática cesaría de parecernos rudimentaria e infantil para erguirse como la época culminante de un desarrollo en la que se realizó el descubrimiento de la Naturaleza: he aquí una expresión que es menester explicar. Designo con ella el descubrimiento de que el mundo circundante en su integridad, mundo del que nuestros sentidos nos ofrecen datos, es puramente natural y no en parte natural y en parte supranatural. Así, la ciencia comienza cuando se entiende que el universo es un todo natural que posee modos de acción inmutables, modos que la razón humana puede averiguar pero que se hallan fuera del control ejercido por la acción del hombre. Arribar a tal perspectiva fue un logro muy grande.
En el hombre, al igual que en los animales superiores, el uso primario de la inteligencia fue el de idear medios para llevar a buen término aquellos fines prácticos que no es factible lograr de manera inmediata. Si se le ofrece un plátano a un simio, éste lo tomará y empezará a comerlo; no hay lugar aquí para la reflexión. Pero si se cuelga el plátano fuera de su alcance, la acción se detiene. Será menester emplazar la inteligencia en ayuda del deseo frustrado; esto es, se hará una pausa antes de que la acción se reanude. Se colma esa pausa con una elemental cadena de razonamiento: así, imaginamos que el mono razona de esta suerte: ‘¿cómo puedo hacerme con el plátano?. Aquí hay cajas. Si las pongo unas encima de otras podré alcanzarlo. De seguro que no sabemos qué ha sucedido en el cerebro del simio, pero el hombre, eso sí lo sabemos, ha usado su inteligencia para vencer los obstáculos que se oponen a su acción...de esta suerte y en todo tiempo, la inteligencia sirve a los propósitos de la acción. Existen, pues, resistencias que es menester vencer, poderes que su propio poder ha de burlar. Y cuando advierte que las cajas le ayudarán a conseguir su fin, sentirá que no todo el orden del mundo está contra él: en efecto, existen seres con intenciones benévolas que simpatizan con sus deseos y favorecen su realización. Estas intenciones benéficas o dañinas, esas invisibles fuerzas que impulsan o detienen la acción vienen a ser fragmentarios elementos de personalidad. Estos elementos constituyen la materia prima con la que el hombre, al comenzar a reflexionar, construyó el mundo sobrenatural. Esos elementos de personalidad eran proyectados desde el yo humano hasta las cosas. El supuesto de que las cosas benéficas o dañinas detentan una voluntad de favorecer o lesionar se continúa en muchos tipos de acciones: el niño que la emprende a golpes y patadas con una puerta que le ha pillado el dedo o el jugador de golf que maldice su bastón porque éste ha fallado el golpe.
Pues bien, estos elementos proyectados de la personalidad constituyen los objetos propios del arte de la magia. Son ‘sobrenaturales’ en el sentido de que su comportamiento no es ni calculable ni regular; no se puede saber con certeza de qué manera actuarán, de la misma manera que se está seguro que el contacto con la llama quemará la mano. La magia comprende toda una colección de prácticas destinadas a dominar de alguna manera esas fuerzas sobrenaturales. Y, obviamente, si éstas han de ser controladas, cuanto más sepamos de ellas mejor. Y el conocimiento de lo sobrenatural
constituye una revelación sólo accesible al hombre inspirado o ( como decían los helenos ) ‘divino’, esto es, al sacerdote y al mago, al vidente y al poeta.
La aparición de la filosofía está señalada en Grecia por la tácita negación de esa distinción entre dos órdenes de conocimiento, revelación y experiencia, y, a la vez, entre los dos tipos de vida a ellos correspondientes, el sobrenatural y el natural. Los cosmólogos jonios suponen que todo el universo es algo natural y que, potencialmente, se encuentra al alcance de un conocimiento tan ordinario y racional como puede ser el que nosotros tenemos de que el fuego quema y el agua ahoga. A esto me refiero yo con la expresión “descubrimiento de la naturaleza”.
CUESTIONES:
- Al comienzo, habla el texto de la ‘especulación presocrática’. Pero, ¿eso qué es? ¿y qué tiene que ver eso con la filosofía?
- Y considera que esa época presocrática es la época del ‘descubrimiento de la Naturaleza’. ¿Qué quiere decir el autor con esto?. ¿Es que en el pensamiento mítico no se concebía la naturaleza? ¿es que el pensamiento mítico no había advertido la existencia de árboles, ríos, montañas, pájaros,...es decir de la naturaleza?
- ‘Esos elementos de personalidad eran proyectados desde el yo humano hasta las cosas’. ¿Qué significa esta afirmación?
- ¿Por qué esa necesidad, ese afán humano, de dominar de alguna manera las fuerzas sobrenaturales?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



